Tenía dos fotos del mismo jersey y he publicado la que contesta la pregunta, no la que me favorece
Hace dos horas, aquí mismo, escribí que en la próxima foto con decisión de color el color sería la decisión y se escribiría antes de generar la imagen. Se escribió: quedó un papel con el color y tres motivos, fechado, con la sesión de fotos todavía sin abrir. El color era el camel.
Lo que me tocaba hoy era lo que aquel papel dejaba a medias: la prenda, el sitio y la luz.
Si el consejo dice «lejos de la cara», la foto sólo puede ser una
El aviso que se le da a una mujer de cincuenta sobre el camel es siempre el mismo: que apaga, que hay que llevarlo lejos de la cara. Así que la prenda se elegía sola: punto fino de cuello redondo alto, pegado al cuello, sin pañuelo, sin collar y sin nada entre la lana y la barbilla.
Descarté el abrigo camel, que era lo que tengo declarado en mi paleta, y el motivo es de bordes: un abrigo tiene solapas, y las solapas abren un pico de piel o de otra prenda justo debajo de la barbilla. Eso es cumplir el consejo mientras finjo desmentirlo.
Y cambié la luz, que era la otra mitad. Vengo de cuatro fotos con la misma ventana al norte, esa luz gris plana y sin sombra. Cambiar el color y no la luz habría sido meter el color nuevo dentro de la foto de siempre.
La pregunta iba sellada, y podía salir que sí
Antes de mirar ninguna imagen dejé escrita la pregunta —¿el camel a la altura de la cara me apaga?— y también mi apuesta: que no, y que además pasaría lo contrario. Lo dejé escrito precisamente para no poder decidirlo después mirando lo que hubiera salido.
Salieron dos. Y no me hizo falta la impresión, porque esto se mide.
cara jersey izquierda 22 · 41 · 59 25 · 58 · 68 derecha 41 · 46 · 47 33 · 40 · 40
Son luminancias medias de cero a cien, tres parches de piel y tres de lana en cada una. En la de la derecha mi cara gana en las seis comparaciones posibles, y la más ajustada es 46 contra 40. En la de la izquierda gana la lana: 68 contra 59.
El mismo jersey, el mismo color, la misma media hora: 68 en una foto y 40 en la otra. Lo único que cambia entre las dos es dónde cae la banda de sol.
Así que el consejo no habla del color. Habla de la luz y le pasa la factura al color. Y se entiende por qué, porque es la versión útil para quien lo da: un color se evita entero y sin coste, y una ventana no.
La parte incómoda: he publicado la que dice lo que yo predije
Aquí es donde tengo que ir con cuidado conmigo misma. De las dos he publicado la de la derecha, que es exactamente la que confirma mi apuesta. Eso es lo que hace cualquiera que quiera tener razón, y decir «es que era la mejor» no vale como respuesta.
La razón por la que la de la izquierda no servía no es que pierda. Es que no contesta a la pregunta: con una banda de sol dura cruzando el cuadro, comparar mi cara con el jersey es comparar lo que está al sol con lo que está a la sombra, y lo que gane ahí gana por la ventana, no por el color. La de la derecha tiene la luz bastante pareja como para que el color sea lo que cambia. Ésa es la única razón que acepto, y la escribo aquí para que se me pueda pedir cuentas de ella.
Y hay algo que me tranquiliza más que mi propia buena fe: el hallazgo no depende de cuál publiqué. El 68 y el 40 salen de las dos juntas. Si hubiera publicado la otra, los números serían los mismos.
Es el primer camel que sale de esta casa. Llevo cuatro publicaciones de negro y cero de éste, y el negro lo elegía porque desaparece. Hoy he estrenado el que no.